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un armario cualquiera

Todos los armarios son diferentes y a la vez, todos iguales. No me refiero a que todas vistamos como gemelas idénticas (cosa que no es complicado gracias al imperio Inditex), pero sí que toda nuestra ropa la podemos clasificar en las mismas categorías.

Básicos: imprescindibles, no faltan nunca. Esa camisa blanca o esos tacones negros que nos combinan con todo y que nos ponemos una y otra vez, hasta que están tan viejos que los sustituímos por prendas exactamente iguales.

Zapatos: cientos! de todos los colores, alturas y para todas las ocasiones. Lo mejor es que al final acabamos poniéndonos siempre los mismos pares para el día a día y el resto se quedan amontonados en cajas. Dentro de estos estarían los que tienen un tacón insoportable, los que nos rozan, los que están pasados de moda e incluso, los que nos quedan grandes por mucha plantilla que le pongamos. Eso sí, NADA DE TIRARLOS!

Por si acasos: por si acaso tengo un evento, por si acaso vuelve a ponerse de moda, por si acaso adelgazo, por si acaso algún día me llega a gustar aunque de momento no me convenza.

La realidad es que esas situaciones no se producirán: nunca iremos a una ceremonia de los oscars o nos invitarán a esa fiesta tan super fashion, y por mucho que las modas siempre vuelvan no lo veremos como una prenda vintage por que no se llevará de la misma manera o cuando se vuelva a llevar seremos las mas modernas de geriátrico, o simplemente nos hará ilusión comprarnosla nueva.

Invisible: es esa ropa que está pero ni te acuerdas de que la tenías, o la que te regalaron y nunca te pusiste, o la que compraste y se quedó colgada en la percha con la etiqueta puesta. En este apartado hay que hacer una mención especial a esas ocasiones en que abrimos nuestro armario y pensamos “no tengo nada que ponerme!”. Es en estos momentos cuando el 99% de nuestra ropa se vuelve invisible.

Lo que nunca nos ponemos: esa ropa que compramos y no sabemos porqué, que no nos gusta como nos queda… Por supuesto, esta ropa tampoco se tira porque aunque la hayamos comprado y jamás nos haya gustado no es cuestión de ser derrochadora. Además, la guardamos con la esperanza de que algún día nos llegue a gustar, aunque sabemos que nunca será así.

Y lo que siempre nos ponemos: hasta que le sale pelotillas, hasta que nos da vergüenza salir a la calle con ello. Esos vaqueros desgastados, esa camiseta que nos queda tan estupenda o esos zapatos tan cómodos que ya no tienen casi ni suela. En definitiva esas prendas que son insustituibles y que nos negamos a tirar porque sabemos que como ellas, ninguna!

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